Habían pasado tres días con sus noches. Tiempo en el que apenas había salido del pequeño camarote que me habían dado. Intenté por todos los medios que Hill me dejase en algún puerto de la costa gallega, pero todas las veces se había negado, diciendo que quien entra en “The Crane” sólo puede salir muerto.
Ya habíamos pasado la frontera y estábamos en aguas portuguesas. La actividad de los piratas era casi inexistente en aquella zona, ya que los marineros de aquel país dedicaban toda su actividad naval al comercio y sólo los más atrevidos osaban darse a la vida del contrabandista.
En aquel momento, vimos una luz cegadora, algo que se acercaba a nosotros desde el cielo. Un meteorito, que dio de lleno en el barco, matándonos a todos.
FIN

