‘Alas y huesos’. Capítulo 1: Cima del Cielo

“Las migas de pan, impregnadas de ron y licores varios, se colaban entre la madera carcomida de las mesas de Cima del Cielo”

Pasaban ya de las nueve de la mañana y la ciudad comenzaba a despertar, amanecía siempre Puerto Arume cuando los borrachos se desperezaban en las esquinas en compañía de botellas vacías, las cuales rebosaron esperanzas para una noche de soledad, antes de beberlas a tragos apurados.

Cima del Cielo

Una noche en Cima del Cielo

Burladores, estafadores, prostitutas y ricos, siempre tuvieron cobijo entre las puertas de cada posada de cada rincón de aquel puerto de mar. Queridas, mentirosos, viajeros y, sobre todo, esas personas invisibles ante la ley: piratas.

Imperecedera, entre aquel bullicio, entre las caras curtidas por la salitre, entre las espaldas ajadas de quien ha sucumbido a la tortura de alguna autoridad, se alzaba Cima del Cielo, la taberna del hombre al que debo mi vida. Conocida por todos como la taberna de Francisco Quintana, posada para las almas perdidas que echan anclas buscando algo de compañía o un simple trago donde ahogar meses de travesía surcando los mares.

Francisco Quintana era, a puertas abiertas, un hombre rudo, brusco, sin pelos en la lengua y con los bolsillos cargados de malicia; aunque en mis veintitrés años de vida nunca me he sentido solo en su presencia. Era, y ya jamás me referiré a él en presente, el hombre que no sólo me había dado su apellido, sino también un plato lleno de comida, un trabajo con el que sentirme realizado y un techo bajo el que dormir todas las noches.

Yo vivía, prácticamente, en Cima del Cielo. Dormía en una cama de paja, escaleras arriba. De día era el cocinero y de noche el vigilante, por si se producía algún saqueo, que no era cosa rara en una ciudad frecuentada por piratas. Todas las noches, después del cierre, él se retiraba a su pequeña casa en la cima de Puerto Arume. La verdad es que no comprendía cómo me dejaba a mí a cargo de la seguridad nocturna, tan joven que era y tan delgado; en ocasiones llegaba a pensar que él mismo lo ponía como excusa para darme un lugar en el que caerme muerto.

Siempre he pensado que trabajar en una taberna en Puerto Arume era, por decirlo de alguna forma, un privilegio. De todas partes llegaban marineros, algunos de dudosa reputación, que hablaban de aventuras, de barcos cuyo nombre era conocido en todo el mundo, y sus capitanes temidos. De vez en cuando se podía observar a aquellas figuras oscuras, que se esmeraban en ocultar parte de su rostro, reunirse en alguna mesa arrinconada, hablando en susurros, los cuales hacía por escuchar. Por aquel entonces era demasiado curioso. Ahora, volviendo la vista atrás, agradezco aquella cualidad, pues de no haber prestado aquella atención propia de un adolescente hacia lo prohibido, jamás habría escuchado aquel nombre en los susurros de aquellos desconocidos. Nunca habría sentido el más mínimo interés por el Capitán James Hill.

Escuché hablar del Capitán Hill cuando tenía dieciséis años y, desde entonces, siempre estuve atento las conversaciones de aquellos hombres que buscaban llenar sus estómagos con mi comida. No siempre escuchaba hablar de aquel hombre, aún así conocí numerosas batallas, piratas sanguinarios y otro tipo de piratas al servicio de la corona inglesa, llamados corsarios. La verdad es que a tierras gallegas siempre llegaba una información anticuada, pero no aquella, no con las aguas del imperio británico tan cerca de las nuestras.

No obstante, escuchar aquellas aventuras era un arma de doble filo, pues además de enriquecer mi curiosidad, hacía crecer mis ganas de abandonar aquella ciudad y entregarme a la marea.

Las migas de pan, impregnadas de ron y licores varios, se colaban entre la madera carcomida de las mesas de Cima del Cielo cuando entró gritando aquel hombre.

- ¡La Coruña! ¡La Coruña ha sido saqueada por los ingleses!

Era el 4 de mayo de 1589, el día en que cambió mi vida.

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Acerca de Fabio Dacosta

Soy un estudiante de Ingeniería Informática (pronto ingeniero) aficionado a la lectura, a la escritura y al teatro.
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4 respuestas a ‘Alas y huesos’. Capítulo 1: Cima del Cielo

  1. HadadelLago HadadelLago dijo:

    ¡Me encanta tu historia de Piratas!

    Y nos has dejado con un final intrigante! Esperamos el próximo capítulo! =)

  2. rosele rosele dijo:

    ¡Muy bueno Fabio! ¿Para cuándo el segundo? ¿Lo tienes ya todo escrito o vas haciéndolo sobre la marcha?

    • Pues, siendo sinceros, ‘Alas y huesos’ es una historia que llevaba tiempo modelando en mi cabeza. Los personajes no son nuevos para mí, tampoco sus aventuras. No obstante, una cosa es pensar y otra es escribir.

      En estos momentos podría publicar unos cuantos capítulos más, de golpe, pero prefiero terminar cada capítulo con algún detalle intrigante que enlace con el siguiente y tardar una semana en proseguir con la trama.

      No lo tengo todo escrito, pero sí la mayor parte ;)

      Saludos!

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