LA RISA DE MOMO

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Creo que lo mejor que se puede decir de una obra literaria es que es inspiradora. Que te hace pensar. Que te mueve por dentro. Si además es teatro, podemos pedirle un lenguaje natural, un diálogo ágil, no forzado. Si añadimos que, siendo literatura para niños, tenga varios niveles de lectura y enseñe tanto a los que la leen como juego como a los que creen que uno puede olvidarse de jugar, entonces, nos encontramos con obras inmortales y magistrales, como El Principito, de Saint Exupery. En esta misma línea se inscribe esta carcajedia en cinco actos, en la que encontramos un nuevo Momo, príncipe de la risa, asaltado por la envidia de quien no sabe reírse. Un nuevo Momo que, usurpada su carcajada, va desapareciendo poco a poco y es vencido por el pesimismo. Al rescate llegan la ilusión y la energía de una Polichinela, también nueva, y la magia y la sabiduría de la Giganta Gargachona que sabe dibujar sonrisas con ramos de flores. Polichinela, Gargachona, y como siempre, los niños al rescate.

Esto es lo que diría mi yo filóloga, crítica seria, objetiva y distante, capaz de diseccionar, como diría Bécquer, el alma de un escritor para ver los mecanismos que hacen que las lágrimas o la risa se conviertan en palabras.

Llevo escribiendo esta reseña más de dos meses y me costaba seguir, porque después del primer párrafo, no podía evitar ver a Riki, a Ricardo García, detrás del personaje. Se me caía la coraza de entedida reseñista y Ricardo iba creciendo de la mano de Momo. Ricardo García también es filólogo, también es crítico sesudo y concienzudo. Ricardo García también es poeta, y profesor, y una marioneta con la cabeza gigante. Ricardo García es, también, La risa de Momo.

Quizás, en muchos años, alguien tendrá que leer esta obra (o representarla) sin haber conocido a Ricardo García, y, quizás, el crítico que escriba entonces la reseña será mil veces más objetivo que yo. Pero ese crítico no sabrá que las sentencias profundas de Gargachona, que hacen que los que ya no somos niños (al menos cronológicamente hablando) inclinemos una cabeza reflexiva, son la esencia de Ricardo García, disfrazada con atrezzo para que la vida parezca más bonita y lanzada a los niños, para que aprendan a no vivir corriendo, (porque perder el tiempo es perder la hora de cenar, y la de reír… y la de tomar algo con los amigos antes o después de un recital), para que aprendan que, cuando uno ya no puede reír, es necesario que se ponga una flor en la comisura de los labios.

Begoña Regueiro

 

Acerca de Otras Palabras

Espacio en Libros.com de la revista literaria 'Otras Palabras'. Cualquier cosa que guarde relación con la literatura y las artes está aquí. Escriben Carmen Herrero, Rocío Santisteban, Ricardo García, Begoña Regueiro y Marta Gómez.
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