Imagina un género literario que descuartice palabras, que les haga masticar nuevos significados, que vista las letras de luto o que les ponga alas y las eche a volar como si fueran gorriones. Imagina un vacío enorme donde las frases se estrellan, y un tazón rebosante de sopa de letras donde en cada cucharada descubrimos oraciones sin sentido que acaban alimentándonos. Y ahora viene lo mejor: ¡ese género ya existe! Se llama poesía.
Ya en alguna otra ocasión hemos hablado aquí de poesía, en aquel caso como vehículo para hacer rodar juntos el amor y el desamor, a pocos días del 14 de febrero. Esta semana retomamos el arte de hacer vibrar versos en el papel para recordar que este 21 de marzo se conmemoró el Día de la Poesía.
No toda la gente aprecia la poesía, posiblemente porque se acercan a ella con prejuicios y precauciones. Es algo demasiado libre y demasiado múltiple para entenderla. Pero, ¿quién ha dicho que hay que entenderla? Si ni siquiera puedo entender los discursos de Nochebuena del rey, no voy a pretender entender los versos que buscan hurgar en lo hondo y caminar siempre un paso más allá (algo que pese a la opinión de algunos críticos –como José Luis García Martín, que afirma detestar “la poesía femenina”– sí puedes encontrar en la buena poesía escrita por mujeres). Pero aunque no la entienda sí puedo dejarme acompañar por su sonoridad, envolver por su ritmo y embrujar por sus palabras. Y quizá tras pasearme por los versos de algunas poetas descubriré que yo también he hurgado en lo hondo y caminado un paso más allá. No infravaloréis la poesía antes de haberos perdido en ella. En este juego gana quien antes (se) pierde. ¿Quieres jugar con la poesía?
En la partida de hoy tenemos tres invitadas de lujo: ¿eres capaz de adivinar de qué hablan sus versos?
En el azul sereno de tus ojos,
con ocho años de luz y de inocencia,
tu profunda sorpresa se hizo Ciencia
al creer eran bueyes pelirrojos.
(…)
La sinrazón, puesta en razón, os niega
este prodigio vivo, que ha nacido,
de escultura y color. Arte curtido
en la capilla de esa gruta ciega.
2. Rosa Lentini
En el interior de la montaña de arena, y tras subir los escalones de la escalera de metal, se obtiene una visión de la gran cúpula sobre el contorno posterior del templo.
Afuera, agobiado por el calor del mediodía, el corazón empezó a latirme con una nueva y descompensada fuerza.
Ya en la sombra, cuento el bombeo de la sangre y observo la inmensa ingeniería que soporta la montaña y guarda el templo de Ramsés.
Llevo casi mil noches fabulando,
me duele la cabeza, tengo seca
la lengua y agotados los recursos
y la imaginación. Y ni siquiera
sé si me salvaré con mis mentiras.
¿Crees que has acertado? ¡Descúbrelo a continuación y sigue jugando a la poesía todo el año!
Respuestas:
1. El descubrimiento de las Cuevas de Altamira en España
2. El templo de Abu Simbel, en Egipto
3. Sherezade, la narradora protagonista de Las mil y una noches

