‘La librería’, de Penelope Fitzgerald

Florence Green es la protagonista de este relato. Viuda cuyo matrimonio apenas fue y no fructificó, en su mediana edad y enclaustrada en los límites de una pequeña población costera de Suffolk, en la Inglaterra profunda, ve la vida pasar, hasta que un día se plantea un cambio: abrir una librería. Simplemente, parece querer darle otro sesgo a su solitaria vida. Un viejo caserón húmedo, Old House, y con  fantasma (poltergeist) incluido, le parece el sitio ideal para su negocio y su vida. La apertura de la librería proporciona al pueblo todo un año de entretenimiento. Florence, además, abre una biblioteca que presta los libros a muchos de los habitantes del pueblo. El clima social está muy bien conseguido, y bajo la apariencia de un simple relato humorístico y costumbrista late una mirada crítica demoledora.

Sin embargo,  hay alguien que desde el principio se opone a que la vieja casa admita en su seno libros. Los planes de la señora Gamart son otros: convertir la Old House en un Centro de Arte, donde se realicen actividades culturales que amenicen la aburrida vida de la población y le den tono social. Haciendo caso omiso de la señora Gamart, Florence sigue su plan y poco a poco la gente del pueblo e acostumbra a entrar y mirar, comprar o leer. Una galería de personajes curiosos y solitarios desfilan por las páginas del libro: Raven, Milo North, Mr Keble, Mr Brundish, el General y Mrs. Gamart… en una tranquila historia sin sobresaltos.

La sensación de melancolía, de deja vu, las relaciones contenidas y carentes por completo de emociones, la incomprensión y la atonía social se palpan en el pequeño pueblito en el que, aunque todos parecen celebrar la novedad, todos aceptan al mismo tiempo su desaparición con la misma imperturbabilidad.

La poderosa fuerza de la tradición frente a lo novedoso, la soledad en busca de otras soledades, de todo ello es un símbolo La librería. Por un lado nos provoca una agradable sensación de familiaridad, de vida tranquila y apacible, y por otra escuchamos rugir no sólo al poltergeist de la Old House, sino a esa marabunta social que no soporta, que no puede aguantar la libertad individual.

El mundo se divide en exterminadores y exterminados, según la narradora, aunque por algunos momentos no percibamos esta relación. La venta masiva de Lolita de Nabokov parece disparar todas las alarmas. Ni siquiera la letal defensa del viejo señor Brundish, atrincherado en su mansión de la que sólo sale como un postrer intento de plantar cara a la maquiavélica señora Gamart, puede parar lo que parece ser el destino.

Lo curioso del relato es que en ningún momento Florence nos de la impresión de ser una amante de los libros.  Tampoco tiene espíritu empresarial, no tiene ni idea de cómo llevar un negocio y ha de ayudarse en sus cuentas por una especialista. En realidad no sabemos qué le lleva a una mujer como ella a comprar una vieja casa y montar una librería en un pueblito perdido. La fuerza de  voluntad es inútil si no se va a ningún lado- piensa Florence-y la suya estaba en unos niveles tan bajos que ya no era capaz de darle las instrucciones necesarias para poder sobrevivir. El tema de La librería no son los libros, sino la soledad, la libertad, el tiempo, cuyo paso inexorable deja un poso amargo, muy en el espíritu de las novelas de Iris Murdoch.

Sobre el autor

Penelope Knox Fitzgerald (1916-2000), hija de Edmund Knox, editor de Punch, sobrina del teólogo y novelista Ronald Knox, del criptógrafo Dilly Knox y del estudioso de la biblia Wilfred Knox, se educó en Oxford y durante la guerra trabajó para la BBC, en el 41 se casó con un soldado irlandés y durante unos años vivió en una barcaza en el Támesis. Su primer libro lo publicó en 1975, una biografía de Edward Burne-Jones, y en el 77 su primera novela. Ésta y las tres siguientes, donde se incluye la que reseñamos, tienen un cierto carácter autobiográfico. A partir de ese momento, la autora se decantó por escribir sobre otros temas.



La editorial Impedimenta nos deleita con una cuidadísima edición, como ya es habitual, estéticamente impecable y muy atractiva. Se lee de un tirón por ser relativamente breve,  lineal,  y sencillo.

ARIODANTE

Acerca de Ariodante

Artista plástica reconvertida en crítica literaria, interesada principalmente en la literatura clásica y la histórica, aunque por esto entienda un amplio espectro de obras y autores, que llegan desde Homero hasta el siglo pasado, con alguna sorpresa contemporánea de vez en cuando. También reflejará algún que otro evento literario que le llame la atención o podrá explayarse sobre arte. Y si quieres leer más siempre puedes pasarte por La hora azul
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