Cuatro textos se agrupan en este librito de la colección de relatos ilustrados que tiene la editorial Traspiés. A destacar que las ilustraciones ―muy expresionistas, de gran protagonismo lineal y simbólico― han sido realizadas por el mismo autor de los textos.
Los relatos contenidos en este volumen son dispares, no tienen un eje sobre el que girar, aunque sí un cierto estilo común, un parecido de familia basado en su carácter onírico, de difícil delimitación entre lo real y lo imaginario, lo soñado y lo vivido. Los personajes se mueven en un mundo inseguro, indefinido, que oscila entre la cruda realidad y el sueño, con la angustia que ello conlleva. El clima respirado en esta lectura se acerca a veces al ambiente de la ciencia ficción, a veces al surrealismo, a veces al dirty realism. O quizás, sería mejor decir que a una mezcla de todo, variando la proporción sgún el relato. El autor deja entrever en cierto modo la influencia del cine sobre su imaginario, cine del que es gran aficionado y sobre el que ha escrito en diversas publicaciones.
Solo, el primer relato, recuerda de algún modo al muy conocido y archiversionado en cine Soy Leyenda, de Richard Matheson. Un hombre sale de su trabajo para tomar un refresco y se encuentra con la ciudad absolutamente abandonada, vacía. El clima de angustia y desolación es muy fuerte. Pero no hay monstruos, como en la narración de Matheson. «Salió de nuevo a la calle. Atardecía y el calor empezaba a ceder. Entró en el coche y asiendo con fuerza el volante, se puso a revolucionar el motor. Tal vez había sido transportado a un paisaje onírico y, en ese caso, ¿cuál era la manera de salir de él? ¡Durmiendo!»(pág. 15)
Anónimos, la narración que da título al conjunto, es una muy interesante introspección sobre el miedo. El protagonista, un periodista, comienza a recibir anónimos. Se siente perseguido, vigilado, y comienza el miedo. «Alguien llamaba entonces a la puerta y nosotros decidíamos no abrir. Sin embargo, el cartero irrumpía en el cuarto y dejaba un papel junto a la mesilla de noche. Al mirarlo de reojo, me daba cuenta que se trataba del referido anónimo, y eso me causaba un sobresalto de terror»(pág. 25)
El campeón de Arequipa es, según afirma el propio autor, la única basada en una situación real. Un extranjero, un vendedor de libros, aparece en un club de ajedrez de Arequipa, y se crea gran expectación. ¿Conseguirá vencer al campeón local? « Nuestro hombre cogió el alfil. Los ingleses llaman obispo al alfil, dijo mientras lo desplazaba. El desconocido quedó un momento pensativo, al fin se decidió a mover también su alfil. Los franceses lo llaman loco, dijo». (pág. 49)
Renacer es la última narración, la más breve de todas, y la más surrealista. El protagonista, cuyo hermano gemelo no llega a nacer, siente en sí su presencia continua. «Decidí, durante unos meses, ignorarlo, fingir que no era consciente de su presencia. Sin embargo, un día, mientras estaba comiendo, noté que intentaba tomar el control de mi mano izquierda, y eso me enfureció» (pág. 59)
Sobre el autor
Miguel Sanfeliu (Sta. Cruz de Tenerife, 1962) autor que combina su escritura con un trabajo absolutamente distinto, ha colaborado con diversas revistas literarias y cinematográficas. Colaboró en la antología de ciencia-ficción Visiones 2002,´y en varios libros colectivos, Cine y vampirismo (2005), En las ciudades (2009), Ellos y ellas (2010); en el suplemento cultural mexicano Laberinto, así como mantiene una colaboración asidua en el blog de crítica literaria La tormenta en un vaso, además de gestionar su propio blog, Cierta distancia. Ha publicado otro libro de relatos, Los pequeños placeres (Paréntesis, 2011). Actualmente acaba de publicar su tercer libro de relatos, Gente que nunca existió (eda libros, 2012).
En suma, un conjunto atractivo, muy breve, que se lee bien y deja con ganas de leer más de este autor afincado hace años en Valencia.


